Cupido tuvo la culpa

corte 0015Cupido tuvo la culpa de que me enamorase de la voz que anunciaba en la radio, las ofertas de un centro comercial. “Nos vemos allí” –prometía-. Llevo gastada una fortuna en zapatillas de caballero, ropita de bebé y abrigos de señora pero aún no le he encontrado.

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Desamor

fotos 078La distancia más corta entre dos puntos es la línea recta, la distancia más corta entre mi casa y la tuya es la vía del tren de cercanías.

Una línea que se me antojaba la cremallera que unía las partes separadas de nuestras vidas.

He recorrido tantas veces este camino que conozco todos los árboles que pasan despidiéndose tras la ventanilla.

Hoy, que ya nadie me espera, viajo sin destino por la misma ruta saboreando el licor agridulce del recuerdo.

Ahora, las vías solo parecen cicatrices en el vientre rubio de la tierra.

P@

El vater

vater 20Podría ser una parábola de muchas cosas –una gran boca abierta para tragar todo lo que le echen- pero no quisiera ser injusta con un utensilio que utilizamos todos los días de nuestra vida, y que ha conseguido que el mundo sea un lugar más limpio.

Es también una puerta hacia el submundo adonde viajan nuestros deshechos personales, un universo de tuberías y conductos, de aguas oscuras y animales de leyendas urbanas. Una entrada a los infiernos.

Pero es además el lugar que nos hace recuperar nuestra ansiada intimidad, el único asiento en donde nos aposentamos tal como somos, desposeídos de nuestra ropa interior y de nuestro pudor. El rincón que asiste a nuestros proyectos de futuro, a las elucubraciones que acuden a nuestra cabeza. El lugar ideal para hojear una revista, leer un artículo o emocionarnos con un poema.

Si, a veces lo lírico y lo prosaico van de la mano, como van nuestro cuerpo y nuestro espíritu. Todo eso nos regala el vater. Su única demanda es que lo mantengamos razonablemente limpio.

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El pueblo trabucado

veleta 0021Cuando la veleta del campanario cambió de dirección, en el pueblo pasaron cosas muy extrañas. La madre de Juan el maestro se murió dos días seguidos a pesar de gozar de buena salud, y Pili ,la peluquera embarazada de ocho meses parió tres veces sin dolor ni complicaciones a su futuro bebé. La mujer del alcalde le fue infiel con Paco, el tabernero, aunque él no se enteró de nada, porque se había mudado a Madrid para presidir el Gobierno de la Nación. Otras parejas también cometieron adulterio sin que sintieran por ello ni pizca de remordimiento. Los adolescentes volaban libremente sobre los campos y los niños pequeños jugaban con los regalos que les traían los Reyes Magos casi todos los días. Incluso el cura de hábito raído llegó a ser nombrado Cardenal y se paseaba muy ufano dejándose besar el anillo.

Pasada una semana, el viento volvió a cambiar de rumbo y los sueños regresaron a las almohadas. Los vecinos volvieron a sus anteriores rutinas ojerosos, melancólicos, y mirándose con pudor si se encontraban por la calle. Solo Martín el pastor pudo suspirar aliviado. Al fin y al cabo, a él, el lobo siempre le comía las ovejas.

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El sofá

Sofa 008Cuando llegas a casa te recibe con los brazos abiertos. El sofá, es la madre de todos los muebles, el auténtico reposo del guerrero. Mullido y cálido, acoge nuestro cuerpo cansado en esas horas tardías de recogimiento ante un libro o un programa de televisión., o vela nuestro sueño ligero tras las comidas. Nada que ver con las sillas, esos asientos remilgados y duros como señoritas calvinistas, donde sentamos a las visitas de cumplido.

Para preservarlos de manchas difíciles, vestimos los sofás con fundas o mantitas cálidas. Suelen ser un poco moñoñas, incluso tejidas a ganchillo por la abuelita, pero dan un toque a casa antigua, de esas que huelen a caldo de gallina. Creo que ahora a eso se le llama “vintage”

Sin el sofá, una vivienda no sería un hogar, sino solo un lugar en donde transcurren incómodas las horas de nuestra vida.

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El reloj

reloj 006En la comida de despedida por mi jubilación me regalaron un reloj. Un reloj  bello, frío y altanero, tan diferente a ese reloj ingenuo de mi primera comunión. Alegre y algo atolondrado, como yo entonces, me había acompañado a transitar por nuestros respectivos años infantiles: nos pringábamos con la nocilla de la merienda, estuvimos a punto de ahogarnos en la piscina y compartimos un tiempo algo más retrasado que el de los adultos.

Cuando crecí, y ya su candor comenzaba a avergonzarme, le abandoné en la caja de cartón donde guardaba el resto de mis tesoros inocentes. Fue sustituido por un romántico reloj con carcasa de brillantitos que se ajustó perfectamente a mi muñeca de joven casadera. Después llegó otro, regalo de mi marido cuando me convertí en madre, responsable de marcar hasta hoy la disciplina de mis obligaciones.

No he tenido más remedio que aceptar, con una sonrisa de falso agradecimiento, este nuevo vínculo, aún sabiendo que me veré sometida al dictado de sus manecillas inapelables, y que será el encargado de marcar la hora, el minuto y el segundo de mi muerte, ahora ocultos dentro del mecanismo de su corazón.

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La ruleta rusa

ruleta 035El cuerpo, salpicado de amapolas oscuras, yacía en el suelo de aquel sórdido almacén abandonado.  En su sien derecha, el agujero por donde había escapado horas antes su vida, parecía un tercer ojo ciego, sanguinolento y terrible. En uno de los bolsillos de la chaqueta, sobresalía su despedida arrugada, y, junto a sus pies, una bolsa llena de billetes sucios.

Esos son los últimos recuerdos que conservo de mi padre. Su herencia.

Desde que cerró la empresa donde trabajaba, tenía demasiado tiempo para pensar, y demasiada amargura con que llenar sus pensamientos. Aquella tarde, después de mirarnos largamente con ojos acuosos, salió de casa en busca, nos dijo, de un futuro mejor para nosotros.

Nadie de la familia, hasta que recibimos esa llamada, había oído hablar de la ruleta rusa.

P@