La ruleta rusa

ruleta 035El cuerpo, salpicado de amapolas oscuras, yacía en el suelo de aquel sórdido almacén abandonado.  En su sien derecha, el agujero por donde había escapado horas antes su vida, parecía un tercer ojo ciego, sanguinolento y terrible. En uno de los bolsillos de la chaqueta, sobresalía su despedida arrugada, y, junto a sus pies, una bolsa llena de billetes sucios.

Esos son los últimos recuerdos que conservo de mi padre. Su herencia.

Desde que cerró la empresa donde trabajaba, tenía demasiado tiempo para pensar, y demasiada amargura con que llenar sus pensamientos. Aquella tarde, después de mirarnos largamente con ojos acuosos, salió de casa en busca, nos dijo, de un futuro mejor para nosotros.

Nadie de la familia, hasta que recibimos esa llamada, había oído hablar de la ruleta rusa.

P@

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