El reloj

reloj 006En la comida de despedida por mi jubilación me regalaron un reloj. Un reloj  bello, frío y altanero, tan diferente a ese reloj ingenuo de mi primera comunión. Alegre y algo atolondrado, como yo entonces, me había acompañado a transitar por nuestros respectivos años infantiles: nos pringábamos con la nocilla de la merienda, estuvimos a punto de ahogarnos en la piscina y compartimos un tiempo algo más retrasado que el de los adultos.

Cuando crecí, y ya su candor comenzaba a avergonzarme, le abandoné en la caja de cartón donde guardaba el resto de mis tesoros inocentes. Fue sustituido por un romántico reloj con carcasa de brillantitos que se ajustó perfectamente a mi muñeca de joven casadera. Después llegó otro, regalo de mi marido cuando me convertí en madre, responsable de marcar hasta hoy la disciplina de mis obligaciones.

No he tenido más remedio que aceptar, con una sonrisa de falso agradecimiento, este nuevo vínculo, aún sabiendo que me veré sometida al dictado de sus manecillas inapelables, y que será el encargado de marcar la hora, el minuto y el segundo de mi muerte, ahora ocultos dentro del mecanismo de su corazón.

P@

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s