El vater

vater 20Podría ser una parábola de muchas cosas –una gran boca abierta para tragar todo lo que le echen- pero no quisiera ser injusta con un utensilio que utilizamos todos los días de nuestra vida, y que ha conseguido que el mundo sea un lugar más limpio.

Es también una puerta hacia el submundo adonde viajan nuestros deshechos personales, un universo de tuberías y conductos, de aguas oscuras y animales de leyendas urbanas. Una entrada a los infiernos.

Pero es además el lugar que nos hace recuperar nuestra ansiada intimidad, el único asiento en donde nos aposentamos tal como somos, desposeídos de nuestra ropa interior y de nuestro pudor. El rincón que asiste a nuestros proyectos de futuro, a las elucubraciones que acuden a nuestra cabeza. El lugar ideal para hojear una revista, leer un artículo o emocionarnos con un poema.

Si, a veces lo lírico y lo prosaico van de la mano, como van nuestro cuerpo y nuestro espíritu. Todo eso nos regala el vater. Su única demanda es que lo mantengamos razonablemente limpio.

P@

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