El Muerto

OLYMPUS DIGITAL CAMERACon esa indiferente crueldad característica de la adolescencia, apodamos al nuevo profesor de química como “el Muerto”. Era grande, pálido y fofo; el tipo de hombre que extiende la mano derecha desmayada al saludar. Representaba una edad indefinida, y a veces, su rostro ajado parecía conocer todas las edades del mundo. Le precedía una nebulosa de olor entre dulzón y rancio, como si estuviese coronado por una miríada de insectos necrófilos.

Sus clases eran como él: blandas e insípidas, ambientadas por una voz monocorde que pretendía enseñarnos las propiedades de los cuerpos y todas sus posibles combinaciones. El aula transitaba entre el bostezo contagioso y las gamberradas de los alumnos de las últimas mesas. El nos observaba por encima de sus escuetas gafas con la desidia de quien contempla la lluvia en el otoño, un asunto fastidioso e inalterable.

Nadie quiso creerme cuando lo conté, pero aún hoy, después de tantos años, estoy seguro de esa visión espeluznante. Fue el último día de clase, su último en el colegio ya que no volvió el curso siguiente. Al acercarme a su mesa para recoger mi nota, vi como  de su oído derecho asomaba cimbreante, el cuerpo de un gusano.

P@

Vecinas

Basuras 014-¿Has visto a mi marido? Ayer por la noche bajó la basura y todavía no ha vuelto a casa.

Tiene costumbre de echarla lejos. Un día se fue hasta Lekeitio y tardó dos días en volver, pero eso fue antes de quedarse cojo.

-Pues no lo he visto y eso que me pasé la noche en la ventana esperando al mío que se había marchado a asesinar un poco. Ya le advertí: “cuidado con mancharte, que la sangre sale muy mal”

Y al tuyo ¿no le habrán recogido los Traperos de Emaus?

-No creo, él es más de Hare Krishna.

`(Finalista del concurso de microrrelatos “La Risa de Bilbao” 2013.)

P@

Deseo

Motos 043Le digo: “Pégate a mí y agárrate fuerte para tomar bien las curvas”.

Se coloca el segundo casco que siempre llevo conmigo y, a horcajadas, como una amazona cibernética me abraza con determinación y grita: “Vamos”.

Mi cuerpo es un animal alerta. Me pregunto si sus manos notarán la entrega de mis músculos. Siento la pujanza de sus pechos en la espalda, su calor, y la perfección con que sus inclinaciones se acoplan con las mías. Pienso que nunca hemos estado tan unidos, y que nunca,  de pie y con la moto amansada, volveremos a estarlo. Mi cuñada y  yo.

P@