MONTE GURUGÚ

Se durmió soñando que él también podía volar por encima de las cuchillas que les separan de la esperanza. Allí, en el monte Gurugú habían diseñado entre todos, urgidos ya por el frío del invierno, la estrategia a seguir el día siguiente. Y esa madrugada, cuando su cuerpo lacerado servía de apoyo a los pies de sus compañeros, soñó que alcanzaba el paraíso, ese del que se dice, posee árboles de frutas dulcísimas y fuentes de las que manan leche y miel.

LOS NIÑOS

Todos los adultos hemos llegado al mundo siendo niños recién nacidos. A partir de la edad cero vamos pasando por las diferentes etapas de la infancia hasta que crecemos mucho, nos convertimos en adolescentes y así, hasta nuestra fase final. Es un fenómeno llamado metamorfosis, similar al que sufren las orugas solo que al revés. Nosotros nacemos como mariposas y poco a poco nos vamos convirtiendo en larvas arrugadas, pero al igual que éstas, dentro de nosotros subsiste agazapado nuestro origen.
Al niño que llevamos dentro lo vamos escondiendo bajo trajes y corbatas, zapatos de tacón o tintes para el pelo. Lo ahogamos con nuestras prisas y nuestros quehaceres y lo dejamos olvidado en nuestro interior como se olvidan los trastos viejos en el desván.
Cuando las mujeres nos juntamos en grupo, sea cual sea nuestra edad cronológica, dejamos liberarse un poco a nuestras niñas, por eso somos proclives a reírnos por las calles y a armar alboroto charlando todas al mismo tiempo. Detrás de nuestras bromas picantes, ríen inocentemente nuestras niñas. Los hombres son más dados a dejarse llevar por los niños que fueron, cuando practican deportes colectivos. Hay niños pervertidos que toman el lugar de sus mayores no permitiéndoles abandonar el juego y convirtiéndolo en obsesión. A esa pulsión irresistible se le llama ludopatía. Existen otras filias y fobias en los adultos que no son otra cosa que exigencias de sus niños caprichosos.
Según pasan los años, a los adultos se nos empiezan a escapar los niños que fuimos: se cuelan entre las hendiduras de las arrugas en una irremediable vuelta atrás: la mente comienza a abandonar sus recuerdos hasta convertirse en una página en blanco. Antes solo recordamos las canciones de antaño y las formas primarias de subsistencia: llevar la cuchara a la boca, beber en vaso o ir solos al baño. Al fin, hasta eso olvidamos. Sería el momento de aprender todo de nuevo, pero ya es demasiado tarde.