DIARIO DE DOS PINTORAS EN CIERNES

5. Ambas dos el primer día de clase. reso 72DIARIO DE DOS PINTORAS EN CIERNES. I TRIMESTRE

Los prolegómenos

En enero de 2013, la lectura de las conversaciones del crítico (de arte) Martin Gayford con (el pintor) David Hockney, me reconciliaron con la pintura.

Hockney decía, entre otras muchas cosas interesantes, que “los rudimentos del dibujo siempre se pueden enseñar”. No añadía “incluso al zote más grande del mundo mundial”. Pero yo enseguida me sentí incluida en esa afirmación tajante. Además, añadía que “aprendiendo a dibujar se aprende a mirar”. Y yo, ¿para qué quería más…?. Ya no se me ocurría sobre qué escribir mi siguiente diario de octubre a octubre. Incluso para eso era un aliciente. Ahora tengo tema, material -de sobra- y seguro que unos cuantos bises cómicos.

Empiezo…

Mi primer, y definitivo, fracaso pictórico sucedió a los 6 años. Cuando nos portábamos bien, o hacía buen tiempo, la maestra nos sacaba fuera de la clase a dibujar. Mis dibujos eran todos bastante chuchurríos. A día de hoy, solo salvo, más por lo sentimental que por su valor estético, uno sobre las fiestas de mayo: es un tíovivo (siempre me han encantado); aparecen gigantes y cabezudos (incluso hoy me da miedo el pensar que me golpeen con esas vejigas de piel de cerdo. De pequeña, era terror. Y eso que nunca me pegaron…). Y un cura con sombrero hongo. Vaya usted a saber por qué…

El peor dibujo, en mi recuerdo, y por el que abandoné -no diré “una prometedora carrera”; eso es falso-, era una copia de una lámina de unos flamencos (que parecen cualquier cosa) descoyuntados y torsionados. La puntuación en dibujo al final del trimestre fue un baldón: solo un 7 entre muchos dieces. No sé si eso tendría su impacto psicológico pero, sumado a mi incapacidad para ver cosas en el espacio -lo que creo se llama “perspectiva espacial” -convirtió, más adelante, las clases –obligatorias- de dibujo “técnico”, en una tortura. El profesor decía: “Proyecten estos puntos…”. Y yo me quedaba mirándolos -bloqueada, en shock- como el día que, en física, nos pusieron un problema de espejos  (normales, cóncavos y convexos). ¿Para qué quería yo saber eso, vamos a ver…? ¿A mí qué me importaba?

Nunca se me ocurrió pensar en pintar o en recibir clases de pintura…hasta Hockney. Así que le debo toda mi gratitud (aunque él nunca lo sepa. A Enrique, que me lo recomendó, también).

 

 

Antecedentes

Revisando mis dibujos desde Párvulos, veo, sobre todo, castillos y princesas; paisajes de casas (estas, con la chimenea caída y, las escaleras, sin perspectiva) y montañas; motivos religiosos (el Domund, la Navidad, confesonarios, el portal de Belén…).

Recuerdo que, a las chicas, siempre las pintaba con faldas y mangas largas porque no sabía dibujarles ni piernas ni brazos.

Inspirándome: John Berger, El cuaderno de Bento

El pintor John Berger (Londres, 1926), premio Booker de Literatura en 1972, publica en 2012 “El cuaderno [de sketches] de Bento” sobre el cuaderno de notas perdido del filósofo Baruch Spinoza (1632-1677), conocido como Bento.

Está lleno de reflexiones como: “Cuando uno se pone a dibujar, pierde el sentido del tiempo”, “Dibujar es corregir”, “Dibujamos para acompañar a algo invisible hacia su destino insondable”, “El óleo es el que mejor se mezcla”, “Mirar acerca”, “Las líneas de un signo son uniformes y regulares; las líneas de un dibujo son tensas, acosadas”, “El dibujo es un ejercicio de orientación”, “Dibujar es una forma de indagar”.

27 de septiembre de 2013. “En capilla”

El miércoles que viene, 2 de octubre de 2013, a las 9.45 h, empiezo mi clase de dibujo. Pero hoy ya no me he podido resistir; he preguntado qué necesitaba y, nerviosa, como un niño el primer día de cole, he ido a comprarme el material:  un bloc de dibujo, una goma para carboncillo, un sacapuntas y tres tipos de lápices, HB, 3B y 6B. Ahora ya lo tengo todo.

 

 

 

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MONTE GURUGÚ

Se durmió soñando que él también podía volar por encima de las cuchillas que les separan de la esperanza. Allí, en el monte Gurugú habían diseñado entre todos, urgidos ya por el frío del invierno, la estrategia a seguir el día siguiente. Y esa madrugada, cuando su cuerpo lacerado servía de apoyo a los pies de sus compañeros, soñó que alcanzaba el paraíso, ese del que se dice, posee árboles de frutas dulcísimas y fuentes de las que manan leche y miel.

LOS NIÑOS

Todos los adultos hemos llegado al mundo siendo niños recién nacidos. A partir de la edad cero vamos pasando por las diferentes etapas de la infancia hasta que crecemos mucho, nos convertimos en adolescentes y así, hasta nuestra fase final. Es un fenómeno llamado metamorfosis, similar al que sufren las orugas solo que al revés. Nosotros nacemos como mariposas y poco a poco nos vamos convirtiendo en larvas arrugadas, pero al igual que éstas, dentro de nosotros subsiste agazapado nuestro origen.
Al niño que llevamos dentro lo vamos escondiendo bajo trajes y corbatas, zapatos de tacón o tintes para el pelo. Lo ahogamos con nuestras prisas y nuestros quehaceres y lo dejamos olvidado en nuestro interior como se olvidan los trastos viejos en el desván.
Cuando las mujeres nos juntamos en grupo, sea cual sea nuestra edad cronológica, dejamos liberarse un poco a nuestras niñas, por eso somos proclives a reírnos por las calles y a armar alboroto charlando todas al mismo tiempo. Detrás de nuestras bromas picantes, ríen inocentemente nuestras niñas. Los hombres son más dados a dejarse llevar por los niños que fueron, cuando practican deportes colectivos. Hay niños pervertidos que toman el lugar de sus mayores no permitiéndoles abandonar el juego y convirtiéndolo en obsesión. A esa pulsión irresistible se le llama ludopatía. Existen otras filias y fobias en los adultos que no son otra cosa que exigencias de sus niños caprichosos.
Según pasan los años, a los adultos se nos empiezan a escapar los niños que fuimos: se cuelan entre las hendiduras de las arrugas en una irremediable vuelta atrás: la mente comienza a abandonar sus recuerdos hasta convertirse en una página en blanco. Antes solo recordamos las canciones de antaño y las formas primarias de subsistencia: llevar la cuchara a la boca, beber en vaso o ir solos al baño. Al fin, hasta eso olvidamos. Sería el momento de aprender todo de nuevo, pero ya es demasiado tarde.

Nunca mais

Temporal Camello. 11-11-2012 038-¿No estás cansado, papá?

-El cansancio no importa ahora. La mar está enferma y nos necesita, hijo.

Contemplo su blanca cabeza inclinada y sus sabias manos de marino afanándose en la tarea. Cerca, una gaviota se esfuerza inútilmente en desplegar las alas, para acabar rindiendo su cuerpo a la muerte.

El mar, como un perro agradecido, nos lame dejando en nuestros guantes de goma una mancha viscosa y negra.

Diez años después, mi padre no puede ya indignarse.

P@

El Muerto

OLYMPUS DIGITAL CAMERACon esa indiferente crueldad característica de la adolescencia, apodamos al nuevo profesor de química como “el Muerto”. Era grande, pálido y fofo; el tipo de hombre que extiende la mano derecha desmayada al saludar. Representaba una edad indefinida, y a veces, su rostro ajado parecía conocer todas las edades del mundo. Le precedía una nebulosa de olor entre dulzón y rancio, como si estuviese coronado por una miríada de insectos necrófilos.

Sus clases eran como él: blandas e insípidas, ambientadas por una voz monocorde que pretendía enseñarnos las propiedades de los cuerpos y todas sus posibles combinaciones. El aula transitaba entre el bostezo contagioso y las gamberradas de los alumnos de las últimas mesas. El nos observaba por encima de sus escuetas gafas con la desidia de quien contempla la lluvia en el otoño, un asunto fastidioso e inalterable.

Nadie quiso creerme cuando lo conté, pero aún hoy, después de tantos años, estoy seguro de esa visión espeluznante. Fue el último día de clase, su último en el colegio ya que no volvió el curso siguiente. Al acercarme a su mesa para recoger mi nota, vi como  de su oído derecho asomaba cimbreante, el cuerpo de un gusano.

P@

Vecinas

Basuras 014-¿Has visto a mi marido? Ayer por la noche bajó la basura y todavía no ha vuelto a casa.

Tiene costumbre de echarla lejos. Un día se fue hasta Lekeitio y tardó dos días en volver, pero eso fue antes de quedarse cojo.

-Pues no lo he visto y eso que me pasé la noche en la ventana esperando al mío que se había marchado a asesinar un poco. Ya le advertí: “cuidado con mancharte, que la sangre sale muy mal”

Y al tuyo ¿no le habrán recogido los Traperos de Emaus?

-No creo, él es más de Hare Krishna.

`(Finalista del concurso de microrrelatos “La Risa de Bilbao” 2013.)

P@

Deseo

Motos 043Le digo: “Pégate a mí y agárrate fuerte para tomar bien las curvas”.

Se coloca el segundo casco que siempre llevo conmigo y, a horcajadas, como una amazona cibernética me abraza con determinación y grita: “Vamos”.

Mi cuerpo es un animal alerta. Me pregunto si sus manos notarán la entrega de mis músculos. Siento la pujanza de sus pechos en la espalda, su calor, y la perfección con que sus inclinaciones se acoplan con las mías. Pienso que nunca hemos estado tan unidos, y que nunca,  de pie y con la moto amansada, volveremos a estarlo. Mi cuñada y  yo.

P@