Abuelos

Visita el domingo 9-12-2012 044

Inauguro con mi nieta la mañana. Juntos disolvemos el azul oscuro del cielo con nubes licuadas, pintamos el verde de las hojas, encendemos el sol para que alumbre, despertamos los gallos y los perros. A nuestro paso van abriendo persianas los primeros comercios, huele a pan recién hecho y a vaho en los cristales. 

Me presta sus sentidos recientes para asombrarme de nuevo con el mundo. Descubro las hormigas, y me asombra el vuelo de las aves. Vuelvo a escuchar canciones infantiles, a oler los pies pequeños y las rosas, a saber como saben las frutas, a acariciar los gatos. 

Cuando pasen los años y no sujete ya mi mano con la suya, se van a apoderar de mí todos los grises que esconden los colores, los sabores perderán la sal o la dulzura y serán tan solo un alimento insípido. Entonces sabré que ha comenzado el inicio inexorable del final de mis días.

P@

Anuncios

Con dolor

fotos 011aaaQuisiera no haberme encontrado todavía contigo. Que las atracciones  no conocieran aún las risas de los niños. Que el escenario permaneciera desierto y a la espera. Que el tiempo inexorable volviera por sus pasos y el calendario borrara de sus días, el día 24.

Reniego de alegrías espurias cuando el dolor, con su hacha de hielo, se ha levantado en armas contra todos nosotros.

Porque en esa misma hora en que éramos felices, un tren descarrilaba muy cerca de Santiago.

P@

Woody Allen

woody-allen2Conocí a Woody Allen en un cine-forum de aquellos que en épocas del tardo franquismo y la transición, organizaban los progres, siempre amantes de la extensión cultural y del debate político.

Aquel descubrimiento fue una suerte de feliz flechazo, porque ese tipo feo, desgarbado, patoso, gafotas y obsesionado con la muerte, se me antojó como mi alter ego masculino.

La película se llamaba Toma el dinero y corre, y ese humor era justo el humor que a mí me hacía reír. Creo que se le llama humor inteligente y eso, me llena de orgullo.

Fue en Sueños de Seductor cuando le propuse abandonar la pantalla tras el romance fallido con Diane Keaton, y venirse a vivir conmigo. Más tarde me plagió esta idea y la inmortalizó en La Rosa Púrpura de El Cairo, pero nunca se lo tuve en cuenta, ni le pedí ningún emolumento en concepto de propiedad intelectual.

Más tarde, me alternaba con Mía Farrow y yo se lo permitía porque nunca vivieron juntos. Sabía que la relación con ella acabaría mal y no pudo haber sido de peor manera. Ella, que se había casado de jovencita con un señor que le triplicaba la edad, acusó a mi Woody de pederasta por enamorarse de su hija adoptiva, la coreana Soon-Yi.

Cierto es que él siente debilidad por las jovencitas, como se puede comprobar en la elección de sus partenaires en muchas películas, Manhattan, sin ir más lejos, pero es que, quién tiene tanto temor por la muerte, necesita rodearse de vida, y ¿existe algo más vivo que una piel joven?

Ahora nuestra relación es la de dos viejos colegas. Él rueda una película en Europa cada año y luego se retira a tocar el saxo con su banda, que es lo que más le gusta, y a refugiarse en los brazos de su nueva esposa Soon-Yi, esa especie de “reposo oriental del guerrero”  indiferente al mundo de candilejas de su marido, que parece amarle solo como hombre, despojado de su aura de artista. Yo procuro ver todas las nuevas películas, e incluso a veces, revisar las antiguas. Aunque no sean las obras maestras de antaño, o mi mirada se haya vuelto más escéptica, sé que me voy a encontrar con una obra de calidad y con mi viejo amigo, el neurótico y genial,  Woody Allen.

P@

Norma Jeane

Norma Jeane

«No quiero, no quiero, pero necesito descansar. Solo será un sueño profundo que consiga silenciar los demonios que me acosan».

Ha tomado todas las pastillas del frasco y, poco a poco se desliza entre las imágenes de su vida de estrella cuando el mundo giraba al ritmo del movimiento de sus caderas, y su cuerpo voluptuoso llenaba las pantallas de los cines, haciendo soñar a más de una generación de fans cautivados por su ingenua sensualidad.

Van quedando atrás las figuras de sus esposos y amantes, entre cuyos brazos ha buscado desesperadamente el amor, tan raquítico en su infancia de niña ilegítima. Esa niña insegura que nunca dejó de existir en ella, y que implora protección y amparo. La niña que siente el aliento alcohólico del hombre que la sienta sobre sus rodillas para subir la mano lasciva bajo su falda desoyendo una vocecita que angustiada suplica: « no quiero, no quiero».

P@

Cupido tuvo la culpa

corte 0015Cupido tuvo la culpa de que me enamorase de la voz que anunciaba en la radio, las ofertas de un centro comercial. “Nos vemos allí” –prometía-. Llevo gastada una fortuna en zapatillas de caballero, ropita de bebé y abrigos de señora pero aún no le he encontrado.

P@

Desamor

fotos 078La distancia más corta entre dos puntos es la línea recta, la distancia más corta entre mi casa y la tuya es la vía del tren de cercanías.

Una línea que se me antojaba la cremallera que unía las partes separadas de nuestras vidas.

He recorrido tantas veces este camino que conozco todos los árboles que pasan despidiéndose tras la ventanilla.

Hoy, que ya nadie me espera, viajo sin destino por la misma ruta saboreando el licor agridulce del recuerdo.

Ahora, las vías solo parecen cicatrices en el vientre rubio de la tierra.

P@

El vater

vater 20Podría ser una parábola de muchas cosas –una gran boca abierta para tragar todo lo que le echen- pero no quisiera ser injusta con un utensilio que utilizamos todos los días de nuestra vida, y que ha conseguido que el mundo sea un lugar más limpio.

Es también una puerta hacia el submundo adonde viajan nuestros deshechos personales, un universo de tuberías y conductos, de aguas oscuras y animales de leyendas urbanas. Una entrada a los infiernos.

Pero es además el lugar que nos hace recuperar nuestra ansiada intimidad, el único asiento en donde nos aposentamos tal como somos, desposeídos de nuestra ropa interior y de nuestro pudor. El rincón que asiste a nuestros proyectos de futuro, a las elucubraciones que acuden a nuestra cabeza. El lugar ideal para hojear una revista, leer un artículo o emocionarnos con un poema.

Si, a veces lo lírico y lo prosaico van de la mano, como van nuestro cuerpo y nuestro espíritu. Todo eso nos regala el vater. Su única demanda es que lo mantengamos razonablemente limpio.

P@